KOLLEKTIVET (THE COMMUNE)

Drama /Dinamarca/2015/111 min.

Dir.: Thomas Vinterberg.

Gui.: Tobias Lindholm.

Rep.: Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen,

Helene Reingaard Neumann, Lars Ranthe,

Fares Fares.

Pre.: Oso de Plata Berlinale 2016 a la mejor

actriz (Trine Dyrholm).

 Chus Neira

Cine y Arquitectura | Número 6 | Enero-Febrero 2016| Perspectivas

El niño prodigio del movimiento Dogma Thomas Vinterberg (Celebration, 1998) vuelve a la gran pantalla con un drama coral, a ratos en clave de tragicomedia, donde explora de alguna forma el amor a la luz del colectivismo, en lo que pudiera parecer, aunque creo que éste es un asunto menor en la cinta, un ajuste de cuentas con los sueños del tardohippismo de los setenta.

Erik y Anna, interpretados por dos gigantes del mundo actoral danés actual, Ulrich Thomsen y Trine Dyrholm, son el arquetipo altoburgués progre del Copenhague de los setenta. Él es arquitecto y profesor de arquitectura. Ella, una conocida presentadora del telediario, la cara de las noticias danesas desde hace muchos años. Cansada de la rutina diaria en la que sólo la hija adolescente Freja podría aportar algún tipo de convulsión al plácido equilibrio vital en el que se mueven, Anna propone a Erik que disponga de su casa familiar en las afueras para montar allí una comuna en la que ensayar una experiencia colectiva con algunos amigos. Nuevos en la dinámica cooperativista, la pareja logra articular un nuevo núcleo familiar de siete adultos que completan un niño pequeño y la hija adolescente de la pareja. Con ciertas dosis cómicas, y una banda sonora notable con éxitos de la época que funciona para aligerar la exposición inicial, Vinterberg ensaya a partir de ahí la crónica del derrumbe emocional de la pareja protagonista, los daños directos y colaterales del cambio hacia esa nueva vida comunal hasta convertir La Comuna en un drama muy efectivo, gracias en parte a la interpretación de Trine Dyrholm, premiada ahora en Berlín con el Oso de plata a la mejor actriz.

Late en La Comuna cierta visión crítica de la profesión de arquitecto, de sus implicaciones familiares y sus egos

La cinta de Vinterberg es audaz en el manejo de las emociones y en este quiebro del tono dramático.

La Comuna, es necesario recordarlo, es la adaptación al cine de una obra de teatro que Vinterberg estrenó en el Burgtheater de Viena en el 2011, y para este guión ha contado con uno de sus colaboradores talismán, Tobias Lindhom. Es verdad que en su conjunto es algo tramposa con el espectador, pero una vez aceptado el juego hay que reconocer que el artefacto funciona. Y en esas trampas también hay que advertir que el relato supuestamente coral no lo es tanto y que esta narración se basa principalmente en las elipsis, omitiendo el desarrollo de los distintos personajes con su progresiva incoporación a la vida comunal y poniendo el foco en los dramas interiores.

Lo que en nuestro caso también nos interesa mucho de La Comuna son dos aspectos que tienen que ver con lo arquitectónico. La cuestión más obvia es la profesión del protagonista, arquitecto y profesor de arquitectura. Este hecho no resulta del todo anecdótico, y la cinta permite desarrollar al menos dos o tres secuencias interesantes donde el profesor discute sobre cómo presentar proyectos con los alumnos o salen a relucir en los diálogos cuestiones como el sistema Modulor de Le Corbusier. Laten en el fondo, también, los problemas de los ritmos del trabajo del arquitecto, las implicaciones que esta profesión y sus dinámicas pueden tener en la vida familiar y cierta visión crítica hacia los problemas de ego de estos Profesionales.

Más interesante resulta el tratamiento que Vinterberg hace de la casa donde se desarrolla la acción principal, el espacio del drama, donde suceden los hechos fundamentales de la tragedia, el reconocimiento y el dolor. La vivienda, una construcción típica de campo de la primera mitad del siglo XX, acoge en su interior distintos espacios que ayudan a soportar el drama. De forma muy esencial, la planta baja es el espacio de lo colectivo, donde los nueve personajes comparten una mesa en la que se toman las decisiones. Es el espacio de las votaciones y las decisiones. También es el espacio del juego y de la reflexión.

Las habitaciones de la parte superior son, por contra, el espacio privado. Y su vulneración será, precisamente, uno de los hechos clave en el conflicto que plantea Vinterberg.

En su conjunto, el espacio de la casa y la forma en que va expulsando y recibiendo a algunos de los protagonistas, a la manera de aquel cuento de Cortázar, hasta resolver el conflicto, es otro de los aspectos esenciales de la cinta.