Chus Neira

Cine y Arquitectura | Número 6 | Enero-Febrero 2016| Dossier Pantallas

Dentro de unos (pocos) años, usted estará buscando tranquilamente dónde aparcar mientras se echa al coleto el último capítulo de Juego de tronos. Sólo tendrá que reclinarse en su asiento y disfrutar en el techo de su coche de veinte minutos de ficción audiovisual mientras su utilitario rastrea y aparca, por usted, en los huecos que vayan quedando por el vecindario. Según Christian Günthner, jefe de prensa en Audi, Alemania, no es ciencia ficción, es sólo cuestión de tiempo.

Günthner presentó el pasado 16 de febrero del2016 el Audi Lounge de la Berlinale, un bonito pabellón instalado al lado de la alfombra roja, las nuevas posibilidades de ocio en el coche en las que ya está trabajando Audi.

La prueba de que el futuro ya está aquí la habían puesto un día antes el actor alemán de origen español Daniel Brühl y su novia, Felicitas Rombold, llegando al Berlinale Palast en un Audi A8 sin conductor, guiado por los nuevos sistemas de conducción autónoma en los que tanto trabaja Google. La mesa de debate posterior celebrada en el Audi Berlinale Lounge reunió al citado Günthner, al investigador Johannes Suikkanen y al productor Martin Hagemann (ZeroFiction) guiados por Corinna Mühlmann, especialista en visiones de futuro.

Se trataba de analizar las experiencias cinematográficas y de conducción en el futuro, con el cautivador sumario de “nuevos espacios y tiempo ganado por la tecnología para nuevos formatos audiovisuales”.

Günthner ofreció, como es lógico, el punto de vista entusiasta. Contó cómo en la actualidad el 32% del tráfico lo constituyen conductores dando vueltas en busca de aparcamiento y cómo las nuevas tecnologías no permiten tener mejor control de nuestro tiempo. Con esa ecuación, la receta de Günthner para los próximos años está clara: en un mundo en el que apenas nos da tiempo a avanzar un capítulo de nuestra serie favorita al llegar a casa por la noche, esos tiempos muertos buscando aparcamiento podrán convertirse en un momento perfecto para consumir un capítulo extra. La otra parte de la tecnología ya está lista. Audi explora ya prototipos en los que las superficies más despejadas de los coches (salpicaderos, lunas, techo) se convierten sin mayor dificultad en pantallas de cine. El resto, está hecho. Porque, como detalló el hombre de Audi, los coches ya disponen en la actualidad de un sistema de 23 altavoces e insonorización perfecta que convierten el habitáculo de los vehículos en el mejor sitio para escuchar música al volumen que se quiera sin molestar a nadie.

El investigador Johannes Suikkanen y el productor Martin Hagemann realizaron algunas puntualizaciones interesantes sobre ese panorama de nueva exhibición audiovisual. Para Suikkanen la gran cuestión es dónde vamos a consumir las ficciones del futuro. El coche es una de ellas. Pero la otra gran pregunta es qué tipo de ficciones serán. Él tiene claro que las películas seguirán existiendo tal y como las conocemos, pero también está seguro de que llegará una nueva narrativa que involucrará más al espectador. “El gaming”, explicó, “ya nos permite ver por donde irán los tiros, porque es una mezcla muy poderosa entre película y juego y nos prepara para un nuevo tipo de filme en el que la audiencia será una parte más de la narrativa”. “Lo que habrá en el futuro”, concluyó, “serán distintos contextos sociales en los que consumir distintos tipos de productos audiovisuales”.

De izquierda a derecha Corinna Mühlmann , Johannes Suikkanen, Martin Hagemann y Corinna Christian Mühlmann durante el debate sobre nuevas formas de consumo de cine en el Audi Lounge de la Berlinale.

Algo más escéptico, Martin Hagemann añadió algunos matices importantes. El primero, que el cine es un arte “muy joven” y que todavía tiene mucho desarrollo. Así, puso el ejemplo del 3D y la VR (realidad virtual) como herramientas que muy pronto permitirán a los espectadores contemplar un documental de arquitectura para después sumergirse dentro de las obras de las que les han estado hablando. Hagemann considera que las películas no son más que una experiencia muy específica dentro de la exhibición cinematográfica, y que con los nuevos dispositivos habrá otro tipo de experiencias que no tendrán que desarrollarse necesariamente en un cine.

En su opinión, las “viejas” salas de cine se convertirán en “nuevos templos” donde un grupo de fanáticos se concentrarán para ver películas cada vez de un metraje más largo, incluso de doce horas, “en una experiencia casi metafísica”.

Lo de ver películas en el coche quedará para los que lo deseen o lo necesiten, porque también se matizó que los coches no son necesariamente un medio de transporte y en ocasiones suponen “un medio para escapar a la naturaleza”. Entendido ese contexto social, hay personas, como Hagemann que cuando lleguen los coches que conducen solos echarán de menos conducir coches rápidos el fin de semana. Para el productor de ZeroFiction hay una cuestión más profunda que es la confrontación entre un mundo digital y unos seres, los humanos, totalmente analógicos. De este choque propiciado por la digitalización y la automatización, opinó, perderemos una parte importante de nuestra comunicación colectiva.

No trabajaremos con otros ni veremos películas con otros. Pero mientras llega ese momento de soluciones individuales, Hagemman dejó sobre la mesa una reclamación analógica de tiempos pasados: que la UE garantice que el cine más próximo al que podamos acceder no esté a más de 15 kilómetros. Aunque haya que ir en coche. Con o sin película.