Sara Zambrana- Cine y Arquitectura | Número 7 | Septiembre 2016| Perspectivas

Mejor dirección de arte en el Festival Internacional de Cine y Arquitectura FICARQ 2016

No es nada baladí enfrentarse a una película como Under electric clouds (Pod elektricheskimi oblakami), un auténtico tour de force, tan ambicioso por su composición narrativa como por su despliegue estético. Quizá la larga interrupción desde que su director, Aleksei German Jr, empezó a conceptualizar su cuarta largometraje de ficción en el 2010 hasta su real consecución, en el 2015, fue cargando a esta cinta de capas y capas de mayor complejidad.

A los problemas de financiación se unió la muerte del padre del realizador, el también director, tan reconocido y alabado, Aleksei German, y el compromiso del hijo de finalizar la última obra faraónica del padre, Hard to Be a God (Trudno byt’ bogom). Si bien el trabajo de German Jr ha estado habitualmente en relación con la dilatada sombra de German padre, también lo es que el hijo ha sabido entender y asimilar muy bien el trabajo heredado, logrando consolidar un lenguaje y un estilo propios. Las preocupaciones de German Jr también han ido madurando y, prueba de ello es su último trabajo: un drama existencialista que aspira a mostrar un retrato de la complicada Rusia contemporánea, bajo un enfoque distópico y a través de paisajes efímeros, y donde un conjunto de personajes presentados en siete capítulos e introducidos por un prólogo revelan las diferencias y las contradicciones que reinan en la sensación general del país.

La habilidad de desvestirse para vestirse con las ropas de los otros de German es magistral, y aunque algunos críticos hayan señalado incoherencias entre el contenido y la visualidad del filme, es precisamente donde reside su mayor valor. Como ha señalado el profesor Sergei Toymentsev, el director nada a la contra de los convencionalismos narrativos con el fin de recrear el enfoque integrado de los literatos rusos del siglo XIX; se entremezclan y combinan las historias en una “dramaturgia tridimensional” en la que no hay linealidad pero sí códigos visuales y discursivos a favor de una lógica de contrastes.

Así, el trabajo artístico no está desvinculado de la compleja trama, más al contrario es un elemento esencial creado justamente bajo la influencia del impresionismo, el movimiento por excelencia en busca de la bella relación de los contrastes. De la misma forma, German piensa que el color debesu luminosidad a la fuerza del contraste más que a sus cualidades propias.

Las herramientas del director y de su equipo son asimismo más sofisticadas:

Junto con su mujer Elena Okopnaia, directora de arte de la película, antes de rodar cada plano preparaban minuciosamente durante horas todos y cada uno de los detalles que entrarían en el encuadre, sin dejar nada al azar, trabajando más bien como pintores y entendiendo su película como una gran serie de melancólicos lienzos. Las localizaciones son parajes ambiguos o zonas suburbanas, imposibles de identificar pero repletas de referencias artísticas e históricas. Por ejemplo, la mayoría de las piezas que aparecen en la película fueron realizadas ex profeso por artistas: desde el no finalizado rascacielos abandonado que actúa como nexo común de todas las historias, para cuyo diseño se realizó un concurso nacional que recibió 160 propuestas; la instalación de un hombre volador que se balancea de enorme escala, repentino protagonista de una de las secuencias; hasta las esculturas, como el enorme caballo de metal creado por la artista Antonina Faikhullina o la escultura de Lenin de 5 metros de altura, que aparece en numerosas ocasiones medio enterrada en la nieve.

A este laborioso quehacer se añade la peculiaridad de que la gran mayoría de escenas está rodada en un momento preciso del día, durante el atardecer, tan sólo veinte minutos cada día, cuando la luz es más frágil y especial, extraña y fugaz, cuando la luz adquiere más cualidades pictóricas; en el filme es el ocaso del sol mientras las luces de la ciudad comienzan a encenderse.

Como los resignados personajes «superfluos», toda en esta película se caracteriza por una especie de transitoriedad eterna, entre pasado y presente, sin futuro, esperando siempre un anunciado final catastrófico que realmente nunca llega. En ese frío deambular sinsentido que la cámara capta girando sobre sí misma, se revela una belleza gris que hace que los ritmos de los espacios se vuelvan expresión absoluta de los sentimientos internos de los personajes.

Todo un coloso. Parece que se quiere pintar lo que nadie más ve. Las cosas olvidadas, las que no se tienen en cuenta. Las abandonadas. Obra de un romántico con mirada de impresionista, la labor artística de Under electric clouds protagonizó una exposición en el Moscow Museum of Modern Art, fue destacada por su Outstanding Artistic Contribution for Cinematography en la 65 edición de Berlín y fue la Mejor Dirección de Arte de la cuarta edición del FICARQ.