CA Magazine- Cine y Arquitectura | Número 7 | Septiembre 2016| Perspectivas

Premio al Mejor Documental FICARQ 2016

BLOCUL (THE BLOCK)

Rumanía /2016/ 61 min.

Dir.: Maria Salaru.

Fot.: Maria Salaru.

Edic.: Ileana Szasz.

El género de los documentales de arquitectura cuenta, al menos, con tres o cuatro grandes subgéneros. El más evidente es aquel dedicado a la obra de un arquitecto, sea un proyecto concreto o el análisis de toda una trayectoria. Con frecuencia, y en estos casos el metraje suele reducirse bastante, surgen también propuestas audiovisuales más poéticas que se entretienen en una obra o un grupo de obras de autores determinados y tratan de presentarlas en la gran pantalla potenciando la dimensión estética del trabajo y evitando los testimonios, entrevistas y otros materiales de análisis en beneficio de una composición visualmente efectiva que haga justicia al edificio.

Por último, en una propuesta totalmente diferente, están los documentales de arquitectura que exploran cuestiones sociopolíticas relacionadas con la forma en que habitamos el planeta, trabajos más relacionados con el urbanismo donde el documentalista puede abordar problemas como la gentrificación o las circunstancias concretas de determinada comunidad a la hora de poblar un territorio complicado.

Blocul (The Block, Rumanía, 2016), el documental de la joven Maria Salaru (Rumanía, 1988), que acaba de recibir el premio al mejor documental de arquitectura en la sección oficial “Arquitecturas filmadas” del IV Festival Internacional de Cine y Arquitectura, podría pertenecer a esta última categoría, pero en realidad se escapa también de la clasificación para ofrecer una mirada original y diferente dentro del género tratando de responder a una pregunta al que el punto de vista puramente arquitectónico pocas veces llega. ¿Qué sucede con los edificios después de que han sido construidos? O incluso, ¿qué sucecede con los edificios muchos años después de que hayan sido construidos y habitados?

Blocul (The Block) presenta, como indica su título, un viejo bloque de viviendas en la Rumanía contemporánea. Y lo hace tratando de mostrar el ecosistema doméstico que late detrás de la vida de estos edificios: los problemas con la sala de calderas, el calentador de agua, el arreglo de las escaleras, la construcción del ascensor, el cierre de las terrazas, el pago de los recibos, la gestión de las deudas de los propietarios morosos que no pagan la comunidad, los conflictos derivados del olor a ajo de la cocina de un vecino que se cuela en otros apartamentos… Aunque la cámara de Salaru se pasea por distintas viviendas, el punto de vista principal reposa en el hombre que se encarga de gestionar todos estos problemas, un presidente de comunidad esforzado en trabajar para todos los vecinos ante la indiferencia de buena parte de ellos. María Salaru evita, no obstante, cargar las tintas en el siempre jugoso asunto de los líos de las comunidades de vecinos, que también aparecen en la cinta, y se detiene en esas cuestiones menores relacionadas con el mantenimiento del edificio y aquellos que se preocupan por cuidarlo.

Blocul habla del frío y del calor dentro de las viviendas, del consumo de agua, a través del día a día de una población envejecida que trata de vivir de la mejor forma posible. Son problemas pequeños y cotidianos ante los que la cámara de Salaru logra un punto de vista generoso y honesto, sin escamotear al espectador esos momentos en que los vecinos, orgullosos de ser filmados para un documental, interpelan a la directora y le piden que filme esa figura religiosa que cuelga de la pared o le cuentan las bondades del presidente de la comunidad.

Con una narrativa audiovisual muy equilibrada entre la contemplación estética de algunos detalles de las viviendas de los propietarios y las charlas de portal o salón filmadas sin ningún artificio de realismo, es decir, con naturalidad, Salaru logra componer un políptico entrañable sobre una cuestión tan banal y esencial, al tiempo, como es la vida en un bloque de edificios y el alma que se cuela por esas puertas, ventanas y cañerías.