José Juan Barba

Doctor Arquitecto de la ETSA de Madrid, director y fundador de la revista Metalocus

Cine y Arquitectura | Número 7 | Septiembre 2016| Dossier Utopía

Es interesante preguntarse por el fracaso de la utopía en la arquitectura contemporánea, pero no estoy de acuerdo en interpretar que dado que el futuro siempre existe tan solo queden distopías, ante esa aventurada propuesta del final de las utopías. Tampoco creo que la arquitectura contemporánea tenga algo que ver en ese propagandístico fracaso o que haya sido un fracaso el intento de mejorar la sociedad y nuestra calidad de vida. Muy al contrario, pienso que la arquitectura además de haber jugado un papel arrollador en la mejora de las condiciones de vida durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, en la actualidad está en un momento excepcionalmente interesante en la creación de utopías. Es cierto que posiblemente la instrumentalización de las antiguas utopías necesiten una reformulación, pero cualquier mirada cercana descubre constantemente fuentes y referentes para pensar en una utopía a la que tender en la realización de arquitectura.

Las condiciones post-estructuralistas nos han situado ante un panorama, de nuevas incertidumbres y contextos, al que no es fácil responder con las terminologías clásicas utilizadas por la arquitectura como materia prima. ¿Qué ocurre si la idea de espacio, como comentaba Einstein (1), ya no es tan relevante y sí lo es el de los hechos localizados en el tiempo y en el espacio? O para entendernos de manera más sencilla, ¿y si hablamos sólo de lugares?

Entendiendo los lugares como el espacio donde una o varias personas se relación con él o entre ellas, el lugar puede existir o no, depende de si existe en la memoria de las personas, de las que han interactuado con él o con otras personas.

La idea de que el espacio puede existir pero que los lugares pueden no existir al depender de las personas, es una idea realmente interesante ¿Somos capaces de construir arquitectura que piense en las personas, como motores y generadores de lugares? ¿Qué ocurre si en lugar de construir espacios, construimos lugares? Obviamente algunos arquitectos se pondrían muy nerviosos y dirían que eso no es lo que entienden por arquitectura. Es posible que eso no sea lo que ellos entiende como arquitectura pero a mí me resulta realmente provocador, sugerente, lo entiendo como arquitectura real y me sugiere una utopía hacia la que tender.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Las nuevas tecnologías son actualmente todavía muy básicas. Obviamente suponen un salto abismal con respecto a la comprensión de nuestro entorno y de las formas de relacionarnos con respecto a hace tan solo 20 años. En aquel momento, por poner un ejemplo, cuando llamábamos por teléfono siempre lo hacíamos a un espacio. Llamábamos y esperábamos a que alguien que estuviese cerca del teléfono en el que estaba instalado el terminal cogiese el aparato y respondiese. Llamábamos a un espacio en el que podía o no estar nuestro interlocutor.

En la actualidad, cuando hacemos la misma llamada llamamos a nuestro interlocutor y en general no sabemos en qué espacio se encontrará. Este ejemplo básico demuestra la radical transformación que las nuevas tecnologías suponen conceptualmente, pero sus avances en un cambio radical de nuestra forma de entendernos unos a otros y el contexto en el que nos movemos apenas ha cambiado. Imaginen que después de esos mismos veinte años, un juego como el Pokemon Go ha cambiado el rol del jugador, que ha dejado de ser un actor estático a un actor dinámico. Una situación que sigue siendo todavía muy básica, pero que demuestra cómo la creación de contextos radicalmente artificiales está muy lejos de la realidad futura a la que muchos nos abocaban al considerar entornos cerrados para desarrollo de contextos 3D.

El futuro y las utopías pasan por una antropización radical de nuestra realidad, una situación radical como la aparición de un Pokemon volando en tu cocina. La cotidianidad como herramienta de la utopia. En este sentido la realidad se hibrida con la utopía de una tecnología que no ha hecho sino dar sus primeros pasos en la creación de contextos, que en la actualidad apenas intuimos, pero que todos apuntan a la necesaria integración del espectador como elemento activo y no solo receptivo.

CINE, ARQUITECTURA Y UTOPÍA

 Con la aparición del cine, nuestra forma de ver, recordar, narrar o contar historias cambió. La llegada de este nuevo lenguaje visual supuso disponer de toda la historia anterior para narrar y volver a contar a través de un discurso metalingüistico la historia que previamente se había producido y transmitido.

Como todo nuevo lenguaje, su utilización para volver a contar la historia supuso un revulsivo tremendo, especialmente ante un espectador ávido de novedades, con poca formación en la percepción de este nuevo lenguaje y por tanto fácil de sorprender con los instrumentos más básicos que caracterizan la narrativa, gramática o arsenal instrumental utilizado por el ojo que está detrás de la cámara ( el “tracking shot”, el “suick cut”, el “jump cut”, el “match frame”, suponen cortes en el espacio y en el tiempo al que el espectador ha tardado en habituarse, pero que en la actualidad son parte habitual de las narraciones en el cine y son percibidas por el espectador como instrumentos relativamente fáciles de comprender).

Incluso hubo brillantes intentos de instrumentalización de estas herramientas en la arquitectura a finales del siglo XX (2), como ocurre en las narrativas planteadas por Bernard Tshcumi en su unión de imagen en movimiento, cine y arquitectura, apoyándose en la gramática de S.M.Eisenstein y Lev Kuleshov. Todavía recuerdo lo nervioso que se ponían algunos arquitectos clásicos al oírle hablar en términos de movimiento en los Congresos Any, a finales de la década de 1990. Aquellos primeros pasos en la creación de lenguajes metalingüísticos trasladables a la arquitectura tan sólo fueron el inicio. La arquitectura no ha cambiado mucho desde entonces, a pesar de estos intentos, pero sí la comprensión de la misma y seguramente ello influirá en lo que está por venir. La arquitectura suele alimentar otras áreas artísticas como el cómic. Schuiten-Peeters es un clásico, pero igualmente lo es la del escocés

Estación, Citta Nuova, Antonio Sant´Ellia

Aneurin Wright con Things to do in a Reteirement Home Trailer Park (2012) o Citizens of No Place de Jimenez Lai (2013). También La literatura, como Pornotopía de Beatriz Preciado (2010) o Esferas III de Peter Sloterdijk (2004). Y por supuesto lo hace en el cine a veces de manera no explicita, pero sí a través de los anteriores ejemplos, como ocurre con el manga y el cine, como la controvertida Cloud Atlas con sus desarrollos urbanos (Tom Tykwer, Lana / Andy Wachowski, 2012) o con documentales, insertando la cotidianidad como en Koolhaas Houselife, de Ila Baka & Louise Lemoine (2013), una nueva versión de Mon Oncle de Jacques Tati, ejemplos sencillos que apuntan algunas paradigmas utópicos.

Las nuevas utopías no nos sorprenderán ingenuamente, como ocurría con las primeras películas del cine. Las utopías están en nuestra realidad cotidiana, las nuevas utopías son el resultado de una antropización de la realidad, utopías donde por primera vez los espectadores también seremos protagonistasy no sólo meros observadores de las sombras.

(1) Albert Einstein. 1952. “Hasta aquí, nuestro concepto del espacio se asocia a una caja. No obstante, se echa de ver que las características formativas del espacio-caja son independientes del grosor de las paredes de dicha caja. Por consiguiente, ¿no sería posible reducir a cero este grosor, sin que se tuviera por resultado la pérdida del “espacio”?. Este paso, en el caso límite, parece obvio: … un espacio sin caja, autónomo. Esta idea puede formularse drásticamente: si tuviera que desaparecer la materia, todavía subsistiría el espacio y el tiempo, como un continuum cuadrimensional, objetivamente inescindible. Por consiguiente, se hace necesaria otra idea: el hecho no tan solo localizado en el tiempo sino también en el espacio”. Barba, José Juan. Apuntes para técnicas del espacio. Circo, núm. 62. Madrid, 1999. P. 1

2) Barba, José Juan. Invenciones: Nueva York vs Rem Koolhaas, Bernard Tschumi, Piranesi. Ed. UAH Monografías, Arquitectura 07. Madrid, 2014. Pp. 216-334