Chus Neira- Cine y Arquitectura | Número 7 | Septiembre 2016| Perspectivas

Mejor película de Ficción FICARQ 2016

LA OBRA DEL SIGLO (THE PROJECT OF THE CENTURY)

Cuba /Argentina/ Alemania / Suiza /2015/ 101 min.

Dir.: Carlos Machado Quintela.

Gui.: Carlos Machado Quintela y Abel Marcos.

Rep.: Mario Balmaseda, Leonardo Gascón, Mario Guerra.

Pre.: Rotterdam 2015 mejor película, FICARQ 2016 mejor película

Una isla de sueños rotos en un mundo de soledades y fracasos, una ciudad fantasma en esa isla, un piso asfixiante en esa ciudad y tres hombres enfrentados a sus derrotas dentro de ese piso. Así, como una inmensa y tristísima muñeca rusa pintada con caracteres masculinos, se presenta el segundo largometraje del cubano Carlos Machado Quintela, premiada en Rotterdam en 2015, con un exitoso recorrido por festivales de todo el mundo y mejor película el pasado mes de julio en el Festival de Cine y Arquitectura FICARQ celebrado en Santander.

La obra del siglo se puede analizar como una matrioska en distintos sentidos, pues conviven en la película distintos proyectos de película, varios géneros, muchos niveles de lectura, en un artefacto narrativo tan complejo como sugerente. Sobre el guión inicial de Abel Marcos, con quien Carlos Machado Quintela ya había realizado La piscina (2011), La obra del siglo era El balcón, un texto donde tres generaciones de cubanos, el padre (Rafael, interpretado por Mario Guerra), el hijo (Leo, por Leonardo Gascón) y el abuelo (Otto, Mario Balmaseda) se enfrentaban a sus fracasos vitales obligados a convivir en un pequeño apartamento. Era una historia sobre la familia, sobre los hombres de la familia, siendo más precisos. Todo ese conflicto de la masculinidad, de “quién la tiene más grande”, como declaró Quintela en alguna entrevista, sigue presente en La obra del siglo y aporta algunos de los momentos dramáticos más impactantes de la cinta, con un trabajo actoral sobresaliente de Guerra y Balmaseda crecido por la voluntad del director de recrearse en los silencios, las pausas, las miradas. 

Pero cuando Quintela estaba reescribiendo El balcón tuvo la suerte de aterrizar en un taller de guión con el grupo de teatro La Fortaleza en Ciudad Nuclear. Enclavado en la provincia cubana de Cienfuegos, este barrio fantasma se creó en torno a la Central Electro Nuclear de Juraguá. Apoyado por la Unión Soviética, iba a ser el proyecto de ingeniería más importante del siglo XX en Cuba con doce reactores por toda la isla. La construcción se inició en 1982 y no se llegó a concluir el primero. En 1992, tras el desmoronamiento del bloque comunista, empezó el desmantelamiento del complejo. Quintela encontró en Ciudad Nuclear una ciudad fantasma llena de sueños rotos, una de las zonas con mayor índice de suicidio de toda la isla. Y comprendió que El balcón tenía que convertirse en La obra del siglo. El acceso a todo el material audiovisual generado por el proyecto de la Central Electro Nuclear, respetado en el film en su propio formato y en color, opuesto a la ficción, rodada en blanco y negro, confiere a la película un carácter híbrido sumamente interesante. No se puede hablar de documental, ni de falso documental. Casi habría que invertarse una nueva categoría, una especie de drama de no ficción, donde todo el material de archivo, que funciona como si fuera “metraje rescatado”, resulta mucho más ficticio dentro de la trama que el propio metraje de ficción, que acaba aproximándose a la mirada documental. El envoltorio real de Ciudad Nuclear y su fracaso colectivo confiere, sin embargo, al drama privado de los hombres protagonistas y de su mascota, una cualidad onírica y de extrañeza que aligera el dramatismo y universaliza el discurso. En ese difícil y acertado juego de ficción y no ficción propuesto por Quintela con sobriedad y elegancia, lo real rebaja la lectura en clave política cubana que la cinta también contiene y traslada lo que pudiera resumirse como “el fracaso de la revolución” en “el fracaso de los sueños felices”, en una utopía rota, despoblada, casi inánime, con personajes agotados de fracasar en medio de los restos de una central, sus barriadas y sus torres de pisos.

Como toda una civilización a la deriva.