Christian Franco Torre (Historiador de cine).

Infografías de Jonathan Rivas

Cine y Arquitectura | Número 6 | Enero-Febrero 2016| Reportaje

El patio de butacas contiene el aliento cuando Rey, Finn y BB-8 se esconden en uno de los numerosos compartimentos ocultos del Halcón Milenario, ante el temor a ser descubiertos por la Nueva Orden. Pero quienes entran por la puerta, para regocijo de los fans, no son los siniestros soldados imperiales, sino un viejo contrabandista y su camarada wookie. “¡Estamos en casa, Chewie!”, exclama Han Solo, al entrar en la sala común de su añorado carguero corelliano, una nave que durante años fue para él y para Chewbacca más que un medio de transporte: fue su auténtico hogar.

Como residencia, no obstante, el Halcón Milenario es bastante limitado. Con una eslora estimada de 34 metros y un través que, en su parte más ancha, apenas supera los 25, este carguero ligero no está pensado para una tripulación mucho mayor de dos personas, aunque en ocasiones este número llegue a triplicarse, contando androides. Su distribución interior, de hecho, está marcada, y en cierto sentido limitada, por la funcionalidad.

Detalle de habitáculos y disposición de los espacios en El Halcón Milenario (sobre estas líneas) y la nave Serenity (debajo). /JONATHAN RIVAS

Lo primero que destaca de la nave es la posición de la cabina, que se dispone como un  péndice a estribor y a la que se accede por un corredor que comunica con la sala común. Estos dos espacios, la cabina y la sala común, concentran las escenas dramáticas que se localizan en el interior del Halcón Milenario en los distintos episodios de la saga galáctica. La cabina será el espacio dominante dentro de la nave, con los personajes alternándose en el estrecho espacio a medida que, en el exterior, se suceden los acontecimientos. La sala común, por su parte, será el lugar donde Luke Skywalker recibe su primer entrenamiento jedi, y también el del contacto mental con su padre, tornado en Darth Vader, cuando el joven descanse, herido, en el único camastro del que se tiene constancia en toda la nave.

Apenas vemos otros espacios del carguero en momentos concretos (los habitáculos de los láseres, los corredores, un cuarto de máquinas), y sólo uno acoge una secuencia relevante: el primer beso entre Leia y Solo, en un angosto pasillo cuyas estrecheces propician este definitivo acercamiento entre ambos.

Pese a su carácter icónico, el Halcón Milenario tiene, en conjunto, una relevancia limitada como escenario de la saga. Su función es otra: hacer avanzar la historia. Porque el Halcón Milenario es, antes que cualquier otra cosa, un vehículo: “El montón de chatarra más rápido de la galaxia”.

Si la velocidad es una cualidad determinante en el Halcón Milenario, la robustez es clave para la Serenity, la nave en la que viaja el grupo que protagoniza la serie Firefly, creada por Joss Whedon. Heredera espiritual de Star Wars, la serie profundiza en los vínculos genéricos con el western y el cine de aventuras que descollaban, singularmente, en Una nueva esperanza, la primera entrega (luego ordenada como Episodio IV) de la saga ideada por George Lucas.

Detalle de habitáculos y disposición de los espacios en
El Halcón Milenario (sobre estas líneas) y la nave Serenity
(debajo). /JONATHAN RIVAS

En el centro del grupo, además, se sitúa un personaje pícaro y carismático, un verdadero trasunto de Han Solo: el capitán Mal Reynolds. Pero a diferencia de su antecesor, Reynolds no busca la independencia, sino defender a su comunidad: esa tripulación formada por rebeldes desarraigados, que prefiere vivir en los márgenes de la ley antes que someterse al orden impuesto por la Alianza.

Hay una diferencia esencial entre Star Wars y Firefly: mientras la primera narra los prolegómenos y la evolución de una guerra civil, la segunda se sitúa en plena posguerra. El propio nombre de la nave, Serenity, remite al lugar en el que la Alianza venció definitivamente al bando de los mundos fronterizos, para el que combatían Mal Reynolds y su lugarteniente Zoe, posteriormente primera oficial de la Serenity.

El trauma de la guerra marca la personalidad de Reynolds y la configuración de la comunidad. Un grupo de rebeldes desarraigados contrabandistas, no le hace ascos al atraco de bancos o el saqueo de otras naves. Centrándonos en la Serenity, sus dimensiones son bastante mayores que las del Halcón Milenario. Su eslora se estima en 82 metros, y el través está en torno a 30. Además, a diferencia del carguero corelliano, cuyo caótico exterior refleja su angosto interior, la Serenity es aún más amplia de lo que podría suponerse.

Distribuida en tres cubiertas y con una disposición más armónica ya desde la centrada cabina, la Serenity cuenta con cocina, sala de estar, dormitorios individuales para la tripulación, enfermería, sala de máquinas, una generosa bodega de carga e, incluso, sendas lanzaderas que también pueden ser utilizadas como dormitorios.

Casi cada personaje de la heterogénea tripulación de la nave puede vincularse, de hecho, a un espacio determinado: Zoe y su marido, el piloto Wash, se encuentran a sus anchas en la cabina; el matón Jayne suele estar cavilando en su dormitorio; a la mecánica, Kaylee, se la debe buscar en la sala de máquinas; el reverendo Book se hace rápidamente con la cocina; y Simon, cirujano de profesión, se recluye en la enfermería. Incluso Inara, una suerte de geisha futurista, tiene un espacio propio: esa lanzadera que alquila a Mal, profusamente decorada con sedas y sorprendentemente espaciosa. Los únicos personajes que escapan a esa dinámica son River y el propio Mal. Ambos deambulan por la nave, tomando –incluso por asalto– los espacios de los otros personajes, la primera por su condición casi sobrenatural (debida a los experimentos de la Alianza) y el segundo por su preeminencia dentro de la comunidad. La sala de estar, donde toda la tripulación se reúne para comer, y la bodega de carga son los auténticos espacios comunes de la nave. Especialmente significativo es este segundo espacio, casi un patio de vecinos, de gran amplitud y distintos niveles que servirán tanto para que River escuche conversaciones ajenas como para que Mal haga valer su autoridad, su jerarquía.

Y es que, a diferencia del Halcón Milenario, la Serenity no es tanto un vehículo como un escenario de la acción dramática. El principal escenario, de hecho: no en vano, el propio título de la serie, Firefly, hace alusión a la clase de nave que es la Serenity. Una denominación que se extrae de la propia forma de la nave, cuyo luminoso color la hace parecer, efectivamente, a una luciérnaga.

Pero curiosamente, la nave perderá esta condición de escenario elemental de la trama en su adaptación cinematográfica, pese a titularse, expresivamente, Serenity. La prematura cancelación de la serie y su posterior recuperación como filme, condensando en dos horas lo que en origen se pensaba desarrollar en una treintena de capítulos de 40 minutos, obligó a Whedon a simplificar tramas y agilizar la narración.

A diferencia de lo que ocurría en la serie, la película prima la evolución de la historia sobre el desarrollo de personajes, lo que afecta directamente a la función de la Serenity dentro de la narración: su condición de escenario se sacrifica en favor de sus cualidades como vehículo, aunque manteniendo su carácter icónico. Al final, la Serenity se convirtió en un nuevo Halcón Milenario, aunque para ello perdió parte de su esencia.