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Cine y Arquitectura | Número 7 | Septiembre 2016| Dossier Utopía

Sydney Jay Mead (Minnesota, 1933), más conocido como Syd Mead, es un diseñador y artista conceptual norteamericano especializado a lo largo de su carrera en las visiones futuristas. Su dilatada trayectoria va desde trabajos para la película Star Trek en 1978 a los diseños de Tomorrowland en 2013, pasando por encargos para títulos tan conocidos como Tron, Johnny Mnemonic o Mission: Impossible III. Al margen de su impresionante currículum, Syd Mead está considerado un mito dentro de la historia del cine y la arquitectura por haber sido el hombre que dio forma a la ciudad de Blade Runner, el clásico de Ridley Scott de 1982 que adaptaba el célebre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. Su visión distópica de Los Ángeles en el año 2019 se ha convertido, desde entonces, en un icono de la arquitectura futurista.

-Blade Runner es una película de serie negra de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott. Yo fui contratado inicalmente sólo para diseñar los vehículos, ya que iban a ser los elementos que llevara más tiempo fabricar para la película. Soy diseñador y pintor, y presenté mis ideas a Scott con mis diseños de vehículos “in situ”, situándolos en el contexto descrito en el guion. A Ridley le gusto esta aproximación y, en consecuencia, me pidieron que siguiera colaborando en los decorados y algunos diseños de interiores.

-¿Qué inspiró su visión de la ciudad? ¿Hubo alguna referencia concreta que le sirviera de inspiración?

-Mi influencia fue la perspectiva de forzar la escala urbana hasta el punto en que se convertiría en opresiva, de nuevo en sintonía con lo que planteaba la historia. Creé la ciudad como un decorado para situar los vehículos. Era muy consciente del aspecto de diseño retro de la distopía planteada en la historia, así que fusioné el arte maya con el Art Deco y lo “moderno” en un revuelto de estilos mezclados para lograr esa densidad urbana ecléctica que se plasmó finalmente en la película. En general, asumí que haría crecer la arquitectura hasta los 1.000 metros, basándome en las propuestas de la época, del año 1980, para los edificios de alturas más extremas.

Syd Mead / SYD MEAD INC. ww.sydmead.com

-¿Ya estaba presente en esos primeros diseños la idea de las fachadas mreacondicionadas y de las grandes pantallas?

-Las vistas de la ciudad se crearon desde cero. Utilicé la sensibilidad de la escala y la electrónica avanzada para mostrar las grandes pantallas RGB, que sabía que iban a llegar a hacerse realidad. Y la idea de reacondicionamiento era una premisa básica para todo el mundo Blade Runner: la “Tierra” estaba siendo descuidada en favor de una tecnología de “espacio exterior”, así que las cosas en la tierra, la arquitectura, las infraestructuras, los coches, etc., tenían que ser reacondicionados para poder seguir siendo usados. Es una mentalidad extendida en lo que llamamos tercer mundo.

-¿Trabajó con otras premisas, sociales o históricas, respecto a los edificios?

-Mi trabajo no era reinventarme la historia. El libro del que se hizo la película, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ya establecía las premisas generales de la sociedad distópica. Mi trabajo consistió en ayudar a Ridley Scott a llevar su visión de la película a la pantalla.

-Se cita con frecuencia la “Ciudad Futura” de Antonio Sant’ Elia como una influencia de Blade Runner. ¿Lo fue realmente?

-Ignoro sus aportaciones a la arquitectura urbana. Sus visualizaciones eran necesariamente europeas, desviándose deliberadamente de la morfología rectilínea, una tendencia que, con nuevos materiales y diseño por ordenador, ahora causa furor. Mis formas y alineaciones fueron concebidas estrictamente para un impacto visual dramático. Nunca trataron de ser propuestas serias o aproximaciones idealistas para un entorno urbano. Era una película, no un tratado académico.

-Supongo que, entonces, tampoco fue una influencia el movimiento Archigram y las megaestructuras, que se suelen relacionar también con Blade Runner.

-No. Ni soy un urbanista ni un soñador con pretensiones de propuestas utópicas. Lo que hago, visualmente, es representar de forma elaborada entornos elegantes, que son a la vez elitistas e igualitarios. Este objetivo social se puede lograr generando una población inteligente (léase educada) que sepa apreciar un diseño cuidado e imaginativo, que sepa apreciar el valor de la discusión más que el de la inculcación y que sepa apreciar las ventajas del respeto mutuo, la cooperación y la diferencia.

-Da la impresión de que las propuestas de arquitectura utópica realizadas a lo largo del siglo XX, así como el mundo de Blade Runner, siguen siendo una de las principales fuentes de inspiración de la ciencia ficción contemporánea. ¿Por qué no hay una renovación en estas visiones utópicas ni en la arquitectura ni en el cine?

-En mi opinión, Blade Runner dio con una respuesta, debido, creo, a que estilísticamente la historia nunca violó su premisa básica. No sucedió nada en el relato que no estuviera al servicio de la historia. A los arquitectos parece que les gusta la película, incluso a pesar de que en mi cabeza mezclé deliberadamente cada estilo al que pude echar mano para cocinar un “potaje” visual. La utopía es un sueño perenne de esos que están bien como propuesta pero que rara vez se hacen realidad. La sociedad contemporánea está demasiado confusa para encaminarse ahora a un contexto de utopía idealista. Mi idea es que los entornos urbanos deberían, idealmente, instalar infraestructuras viables en forma de transportes, servicios públicos y un toque de “no ciudad” en forma de parques y otros espacios verdes, ofrecer esa base fundamental y dejar que el proceso social cree todo lo demás.