LA NOVIA

Drama / España/ 2015/ 93 min.

Dir.: Paula Ortiz.

Fot.: Miguel Amoedo.

Rep.: Inma Cuesta, Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa.

Pre.: Goya a la mejor fotografía y actriz de reparto.

Fabio Trabanco

Cine y Arquitectura | Número 6 | Enero-Febrero 2016| Perspectivas

Dicen que la poesía es de las siete artes la más importante, y que de ella provienen todas las demás. La poesía lleva al límite las virtudes de la palabra y del lenguaje, las exprime y retuerce para convertirlas en sentimiento estético y belleza.

Y Federico García Lorca es eso. Arte. Y su teatro es poesía. Y su poesía es arte. Un bucle infinito del que desearía no salir nunca. Una sensación que te envuelve tras ver La novia de Paula Ortiz, una adaptación de la obra de teatro Bodas de Sangre de Lorca. Una obra de arte en sí misma, una conjugación de poesía, teatro y belleza llevada al cine con una sensibilidad al alcance de muy pocos.

El largometraje posee un poder de atracción por parte del espectador al menos de la misma intensidad que lo hace la obra original. Es una historia de la que conocemos su final pero deseamos que la sigan contando. Es un cuento para niños antes de dormir. Un cuento que necesita ser narrado de una forma especial con el fin de hacerse perenne en nuestra memoria. Y vaya si lo consigue.

Esta vez dejamos el patio de butacas a un lado y nos transportamos a un escenario incomparable, donde no es necesario correr el telón, y nuestra vista percibe un torrente de imágenes sugerentes, proporcionadas y bellas que relatan una historia que se escribe a sí misma. Win Wenders comentaba en una ocasión: “Dos cosas me preocupan cuando realizo un film: las relaciones entre los personajes y las imágenes. Quisiera que todo se explicara sólo a través de las imágenes”.

Lo mismo ocurre en La novia. Las imágenes tienen tanta intensidad que son capaces de contarnos la historia por sí solas. Los lugares adquieren importancia a través de la naturaleza de la propia composición. Tan sólo en momentos puntuales la arquitectura adquiere la suficiente fuerza para marcar un hito visual. Como si de un escenario se tratara, la arquitectura se emplea como un fondo, con apenas interacción con los personajes más allá de la propia contextualización de la representación. En esta ocasión los protagonistas son ellos y su impecable interpretación. La máxima expresión del teatro en todos los aspectos. La fidelidad más absoluta al autor original. Por el contrario, la ambientación y el detalle son tratados con una gran minuciosidad, tal y como comienza describiendo Lorca al inicio de cada uno de los cuadros y actos que componen su obra.

Habitación blanca con arcos y gruesos muros. A la derecha y a la izquierda escaleras blancas. Gran arco al fondo y pared del mismo color. El suelo será también de un blanco reluciente. Esta habitación simple tendrá un sentido monumental de iglesia.

No habrá ni un gris, ni una sombra, ni siquiera lo preciso para la perspectiva. La sutil articulación del color y la profundidad se maneja en la cinta con una virtuosidad propia de Lorca, capaz de modificar el juego de planos para crear un ambiente idílico que ensalza a los personajes. La atmósfera de tragedia que respiran los protagonistas de principio a fin se enmascara y matiza por la belleza y la lírica que lo traspasan todo.

Su formalismo estético e hipnótico juega un papel principal a lo largo de todo el guión. Algo susceptible de crítica en caso de no conocer la obra de Federico García Lorca. Si de algo podemos decir que peca el poeta granadino es de excesiva obsesión por la estética, que utiliza como herramienta principal para crear una poesía inigualable que lo ha convertido en el mayor referente de la literatura española del siglo XX.

Luis Buñuel, con quien mantuvo una relación amor-odio, llegó a decir sobre él: “Federico me revienta de un modo increíble. Es su terrible esteticismo el que lo ha apartado de nosotros. Allá él. Lo malo es que hasta su obra podría resentirse”. Afortunadamente, Buñuel estaba equivocado. No sólo no lo resintió, sino que consiguió potenciar las virtudes del género literario.

Probablemente Buñuel colocase a Paula Ortiz y a Lorca en lo alto de la columna de Simón del desierto y no les dejase bajar jamás, pero quizás por miedo a que la próxima vez juntos puedan crear una nueva Viridiana. Obras como La novia son las que engrandecen el séptimo arte. Gracias.